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 | Por Mary D. Dillard

La luz guía la virtud

El camino de una joven hacia la verdad

‘‘He oído decir antes que los jóvenes son el futuro de la iglesia,” comenta Madison Jaubert, la directora de desarrollo del ministerio del campo católico Bama de la Parroquia Universidad San Francisco de Asís en Tuscaloosa. “Mientras esta declaración es verdad,” admite, “¡la realidad es que los jóvenes son la iglesia en este momento!”.

Muchas veces, esa realidad no se le ha dado consideración plenamente.  Jabert, siendo una joven adulta, puede hablar con convicción al afirmar que “los jóvenes en la iglesia quieren y necesitan comunidad.” En nuestro mundo distraído con redes sociales y el aislamiento, los jóvenes y jóvenes adultos anhelan lo que es “real y verdadero”.

Al haber crecido en Tennessee como no católica, Jaubert fue muy activa en el grupo de jóvenes de su iglesia. También fue bendecida con el ejemplo de su padre, quien no solo rezaba, sino que también evangelizaba “con sus acciones y con sus palabras.” Como la mayoría de los niños, ella siguió el ejemplo de sus padres, anhelando su aprobación. 

“Sin embargo, llegas a un punto”, dice ella, “donde a ti no te importa lo que piensan tus padres.” Cuando Jaubert comenzó su primer año en la Universidad de Alabama en Tuscaloosa, sus padres se habían quedado en un “asiento trasero” más que sus amigos.

Siguiendo el ejemplo de las otras mujeres en su nueva hermandad, Jaubert puso todos sus esfuerzos en la “experiencia universitaria.” Beber hasta altas horas en la madrugada, dio lugar a mañanas de vergüenza, pero admite, “hice muchas comparaciones.” Buscando a otra persona involucrada en un comportamiento “peor” la ayudó a racionalizar sus acciones. La justificación ayudó, por su puesto, pero había “inquietud” y “tristeza” en su corazón.

Para empeorar las cosas, estaba la inmensa presión de presentar cierta imagen en las redes sociales. “Es como si estuvieras todo el tiempo en el escenario. No se trata de ser mejor que los demás… es acerca de mantenerse al día y presentar esta vida que parece divertida.”

Mientras Jaubert continuaba navegando por la “experiencia universitaria”, un joven católico de un grupo mutuo de amigos la invitó a misa y una comida en la Parroquia Universidad San Francisco de Asís. A partir de ahí, conoció a Catherine Wentworth, quien “transformó” su vida.

Las dos tomaron una clase juntas y formaron una amistad. En una ocasión, Wentworth invitó a Jaubert a cortarle el pelo. Fue durante esta visita aparentemente ordinaria que Jaubert tuvo una experiencia extraordinaria: una que fue más profunda que las resacas y los ingeniosos subtítulos de Instagram. “Tienes que escuchar esto”, exclamó Wentworth. Ella acababa de regresar de una conferencia de FOCUS (Compañerismo de Estudiantes Universitarios Católicos) y quería que Jaubert escuchara una de las charlas.

“Nunca me había encontrado con alguien que hiciera eso: alguien que intentara compartir,” dice ella francamente. “No es como si ella estuviera tratando de compartir su fe. Fue tan real ... era solo a través de quién estaba brillando.”

A medida que crecía la amistad, también su número de amigos católicos. Sus nuevos amigos asistían con frecuencia a misa todos los días, dando testimonio de su fe en silencio y constantemente. Ellos nunca la condenaron, pero ella sostiene que la “virtud” de ellos destacó su “vicio”. Hubo ocasiones cuando ella se sintió avergonzada de cómo estaba viviendo su vida porque sus amigos claramente eran más felices y alegres con la de ellos. La diferencia entre sus otros amigos y su nuevo grupo de amigos era muy clara: un grupo transpiraba un vacío arraigado en el hambre por algo y el hambre del otro grupo había sido satisfecha por alguien.

“Yo tenía amigos,” recuerda Jaubert, “que pensaban que me amaban porque decíamos que nos amábamos, pero nos sabíamos lo que era realmente amar. No sabíamos que amar es querer el bien y el mayor bien es el Cielo.” Si la mayor alegría para algunos significa una felicidad y placer fugaz, como beber y sentirse miserable a la mañana siguiente, entonces dice ella que hay una desconexión. En contraste, sus amigos católicos simplemente dirían, “no quiero eso para ti”. Ellos querían algo mejor para ella. El empujón en la dirección correcta no siempre se sentía bien, pero fue poderoso. “Me encontraba con estas personas quienes me conocían menos, pero me amaban más porque ellos conocían a la persona de Jesucristo.” 

Conocer a la persona de Jesucristo es “realmente difícil de encontrar y más difícil de hacer,” insiste ella. Incluso después de haberme convertido a católica en 2016 y trabajar en San Francisco de Asís lo últimos cinco años, ella admite que recientemente se encontró llorando en la capilla, preguntándose si ella realmente alguna vez lo había encontrado. Después de que un caballero le preguntó si estaba bien y sugirió que rezara por la intersección de la Santísima Madre, ella le contó el encuentro casual a su prometido, Blake Jaubert. El me ayudó a reconocer que el encuentro era uno de los muchos en los que ella realmente se estaba encontrando con el Señor. “Me ayudo a recordar las formas increíbles en que el Espíritu Santo se ha movido en mi vida, las cosas que no hubiera podido hacer sin la gracia de Dios y las veces que el Señor realmente me ha consolado en oración”.

Jaubert sostiene que los jóvenes y los jóvenes adultos necesitan lo que su familia y amigos le brindaron a ella: una base fuerte de amor que apoye un encuentro verdadero, que produzca una relación con Jesús. “Una gran bendición que tuve en la universidad,” explica ella, “fue encontrar amigos cuyos valores se alineaban con los que mi conciencia bien formada ya sabía. [Esas relaciones] realmente desbloquearon una nueva libertad en mí para buscar la santidad y lo que sabia que era correcto, en lugar de simplemente el placer.

Los jóvenes muchas veces son subestimados y segmentados, pero como todas las personas, ellos están buscando la verdad. Tristemente, la verdad de la sociedad no es la realidad.

Entonces, ¿cuál es consejo de Jaubert para el futuro y presente de nuestra iglesia?

“Tus deseos van a comenzar a cambiar tus creencias más fácilmente de lo que tus creencias puedan cambiar tus acciones,” sostiene ella. En otras palabras, la forma en que vivimos nuestras vidas es importante. “Asiste a misa todos los días, dedica tiempo a la oración y ábrete a que El te cambie tu corazón… con las personas que amas, es como una rutina construir una relación, entonces ¿por qué no con Jesús? Es como la oración. Es una elección hablar con El, reconociendo la forma en que El está obrando en tu vida…. Eso viene de la práctica de la gratitud, la práctica de meditar en el presente y saber que Dios está presente.

“El mundo te está diciendo lo que te emociona, pero lo que te hace hermoso y único es lo que el Señor te llama a ser. Esto suena muy cursi, pero si lo piensas, estamos buscando estas cosas fuera de nosotros mismos. Debes buscar quién eres en Aquel que te hizo.”