Por qué San Francisco importa
El Papa Leo XIV le hizo un gran favor a la Iglesia Católica al proclamar un Año Jubilar de San Francisco, conmemorando 800 años desde su muerte de este amado santo, ocurrida el 3 de octubre de 1226.
Los católicos son invitados a “seguir el ejemplo del Santo de Asís” quien ha sido para la iglesia un modelo de santidad de vida y un testigo constante de paz. Este Año Jubilar empezó el 10 de enero de 2026 y continuará hasta el 10 de enero de 2027.
El Papa Leo XIV le hizo un gran favor a la Iglesia Católica al proclamar un Año Jubilar de San Francisco, conmemorando 800 años desde su muerte de este amado santo, ocurrida el 3 de octubre de 1226.
Los católicos son invitados a “seguir el ejemplo del Santo de Asís” quien ha sido para la iglesia un modelo de santidad de vida y un testigo constante de paz. Este Año Jubilar empezó el 10 de enero de 2026 y continuará hasta el 10 de enero de 2027.
San Francisco es una de las figuras más veneradas del cristianismo, aclamado por personas de todas las religiones y también de los que no profesan nuestra fe. Fue un místico, poeta y un fraile que escucho un mensaje desde una cruz en la iglesia deteriorada de San Damián en Asís, lo que lo llevó a poner en marcha uno de los movimientos de reformas más inspiradoras y eficaces en la historia de la iglesia, el cual sigue impactando a los católicos en nuestros días. El mensaje fue muy claro cuando escuchó, “Francisco, reconstruye mi iglesia, que está cayendo en ruinas”.
Francisco tomó las palabras literalmente en ese momento y empezó a repararla, con la ayuda de sus antiguos compañeros de fiestas, esa misma iglesia de San Damián. Con el tiempo, Francisco llegó a comprehender que su misión era más amplia: reformar la propia iglesia católica viviendo con sencillez y llevando el mensaje del Evangelio a todas las personas.
San Francisco importa para nosotros hoy porque esas dos características de su misión son fundamentales para la Iglesia Católica actual: VIVIR CON SENCILLEZ Y LLEVAR EL MENSAJE DEL EVANGELIO A TODAS PARTES.
—‘Un anticipo del Paraíso’ —
Francisco nació en 1182 en la ciudad de Asís, en la provincia de la actúal Perugia, en la región de Umbría, al norte de Lacio y al sur de Toscana. La mayoría de las personas que visitan Italia pasan por alto Asís y prefieren ir a Roma, en la región de Lacio, y a Florencia, en la región de la Toscana. ¡Gran error!
Gracias a la fama de San Francisco y a sus orígenes en Asís, la ciudad de Asís ha conservado su carácter medieval. Uno de los principales biógrafos de San Francisco, el exalcalde de Asís, Arnaldo Fortini, dijo que “aún muchos de los visitantes sienten en la belleza de Asís un toque de lo divino”. Continúa diciendo: “No es sorprendente que a través de los siglos, poetas, escritores y personas de toda condición han descrito la ciudad con términos extravagantes como “un anticipo del paraíso”, y “un suburbio del cielo”. (Francisco de Asís, Crossroad Publishing: 1981, p 86)
—La pobreza evangélica —
Francisco nació en el seno de una familia acomodada, el hijo de Peter Bernadone y su esposa, Pica. Su nombre de bautismo era en realidad “Juan” pero su lo apodó “Francisco”. Es posible que su madre fuera de origen francés, por lo que su apodo podría haber sido un juego de palabras relacionado con esa conexión francesa.
Se ha escrito mucho sobre la vida del santo (véase la lectura recomendada en la página), pero incluso sin investigar la vida de Francisco, su compromiso con la pobreza como medio para predicar el Evangelio es bien conocido. En su época, otros movimientos laicos piadosos, como Humiliati y los Hombres Pobres de Lyon, abrazaron una vida voluntaria de piedad en su predicación, pero como señaló C. H. Lawrence en The Friars, Francisco fue más lejos que cualquiera de ellos en su forma radical de entender la pobreza evangélica.
A cualquiera que solicitara entrar a su fraternidad se le exigía, como condición previa para ser aceptado, vender todas sus posesiones y distribuir las ganancias entre los pobres. Su pequeño grupo de discípulos debía vagar por el mundo sin propiedades ni ingresos, durmiendo en graneros o chozas prestadas, como la cabaña que fue su primer hogar en Rivo Torto, y realizando trabajos ocasionales o mendigando para su comida diaria. El significado que tenía para él esta forma de vida se expresa directamente en las palabras de la Primera Regla:
“Los hermanos no se apropiarán de nada, ni de lugar alguno ni de ninguna cosa; sino como peregrinos y extranjeros en este mundo, sirviendo a Dios en pobreza y humildad, irán con confianza en busca de almas. Tampoco deben avergonzarse, pues el Señor se hizo pobre por nosotros en este mundo. Esta es la cumbre de la pobreza más alta, la que los ha hecho, mis amadísimos hermanos, herederos y reyes del Reino de los Cielos”.
—‘Bienaventurados los pobres de espíritu…’ —
La vida de San Francisco fue un ejemplo profundo de las Bienaventuranzas (Mateo 5:3-12) y sobre todo, de la primera de ellas: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de Dios”.
Sus enseñanzas acerca de la pobreza fueron un desafío al espíritu mercantilista que surgía en la cultura medieval de su época. Sus enseñanzas sobre la pobreza siguen siendo un desafío incluso hoy en día para la cultura materialista. Adoptar la perspectiva de San Francisco implica despojarse. Así como él se despojó de sus pertenencias frente a la antigua catedral de Asís y entregó sus ropas a su padre, haciendo simbólicamente a Dios el centro de su vida, así también nosotros hoy tenemos el desafío de despojarnos de todo lo que poseemos que se interpone en nuestra relación con Dios.
San Francisco desafía a cada uno de nosotros a discernir qué aspectos de nuestras vidas individuales son perjudiciales para una relación personal con Dios.
Nuestra cultura occidental ha traído desastre a muchos, jóvenes y adultos, que han convertido en ídolos las posesiones y riquezas, pensando que traen felicidad. El resultado es una cultura marcada con las adicciones, el consumo de drogas y los suicidios. Sin embargo, ser testigo de los valores Franciscanos nos dan esperanza. En nuestra propia diócesis, existe la comunidad de Cenáculo. La madre Elvira Petrozzi, fundadora de las comunidades de Cenáculo alrededor del mundo, contrarrestó la cultura occidental con una que refleja la perspectiva de vivir una vida arraigada en la pobreza de espíritu, en misma manera de la que San Francisco inauguró en el siglo XIII.
—‘Otras dos Bienaventuranzas fundamentales’ —
San Francisco vivió otras dos Bienaventuranzas fundamentales que son relevantes para nuestro tiempo: “Bienaventurados los misericordiosos” y “Bienaventurados también los que trabajan por la paz”.
Un ejemplo en particular de la actitud misericordiosa de San Francisco se puede encontrar en la historia de su encuentro con un leproso. Proveniente de una familia rica y privilegiada, se decia que sentía repulsión hacia los leprosos. En un intento por librarse de esa repulsión, un día se encontró con un leproso. Se detuvo y saludó al leproso con un beso. Cuando Francisco se montó nuevamente en su caballo para continuar el viaje, miró hacia atrás y vio que el leproso había desaparecido, realizando que acababa de tener un encuentro con Jesús.
Cuánto más nuestra sociedad actual necesita pasar de la repulsión hacia cierta clase de personas a un espíritu de acogida, especialmente hacia aquellos que son extraños entre nosotros. Quizás podríamos tomarnos el tiempo de visitar a alguien que se siente rechazado por nuestra sociedad y abrazarlo con el poder sanador y misericordia de Jesucristo, como hizo San Francisco.
“Bienaventurados también los que trabajan por la paz”. San francisco es universalmente alabado por viajar a Egipto durante la Quinta Cruzada, en 1219. Allí se reunió con el Sultan Maik al-Kamil, el sobrino del famoso líder musulmán Saladino, gobernante de Egipto y una figura poderosa entre las fuerzas musulmanas. Fue una iniciativa audaz para tender un puente sobre el conflicto que estaba ocurriendo entre los cristianos y los musulmanes, en un esfuerzo por promover la paz.
Inicialmente, fue recibido con oposición, pero perseveró. San Buenaventura describió el encuentro así: “El sultán les preguntó quién los había enviado, por qué y en qué capacidad, y cómo habían llegado hasta allí; pero San Francisco respondió que ellos habían sido enviados por Dios, no por hombres, para mostrarle a él y a sus súbditos el camino de la salvación y proclamar la verdad del mensaje del Evangelio”. Cuando el sultán vio su entusiasmo y valentía, le escucho de buen grado y le ofreció que permaneciera con él. Se dice que Francisco saludó al sultán con las palabras: “Que el Señor te dé la paz”, parecido al saludo tradicional musulmán “Assalam o alaikum” o “La paz sea contigo”.
¡No sería maravilloso tener a San Francisco con nosotros hoy, intentando negociar la paz con los israelitas y los árabes en la Tierra Santa!
Aunque quizás no haya sido escrito por él, la gran oración para la Paz que todos nos sabemos de memoria, resume su actitud para resolver conflictos: “Bienaventurados también los que trabajan por la paz”.
—‘Cántico de las Criaturas’ —
Concluyo señalando una de las muchas razones por las cuales San Francisco sigue siendo relevante hoy en día: su sentido espiritual de la presencia de Dios en toda la creación.
Entre 1225 y poco antes de su muerte en 1226, San Francisco compuso el “Cantico de las Criaturas”. Se dice que lo escribió mientras San Francisco padecía de malaria y estaba casi ciego, con ratas trepando por su cuerpo. Poco ante de su muerte le añadió versos sobre la “Hermana Muerte”, pidiendo a sus seguidores que cantaran el himno con alegría y no con tristeza.
Utiliza los términos de “hermano” y “hermana” para resaltar una profunda conexión con la naturaleza. La segunda encíclica del Papa Francisco, Laudato si, sobre el tema del “cuidado sobre la casa común”, fue parcialmente inspirada por este Cántico de San Francisco.
Uno podría pasar hora resaltando el impacto de San Franciso en la historia y cultura, y de su relevancia para los católicos de hoy. Suficiente se puede decir que el espíritu de San Francisco sigue muy vivo.
Gracias, Papa León, ¡por darle a nuestra iglesia la oportunidad de recordar a San Francisco durante este Año Jubilar especial! Que este gran santo interceda por todos nosotros ante los numerosos y graves problemas que enfrentamos hoy, especialmente promoviendo el uso adecuado de los bienes materiales para dar gloria a Dios; despojándonos de lo que nos impide encontrar a Dios y la felicidad en la vida; intentando tender puentes de armonía y paz en la vida familiar, en la vida de la iglesia y entre las naciones; viendo a Dios en toda su creación y respetándolo como el autor de toda vida, protegiendo y promoviendo la vida y evitando una cultura consumista destructiva que dañan la creación que Dios nos ha confiado.
Cuando esté en Asís con miembros de mi familia en la fiesta de San Francisco, el 4 de octubre, me acordaré de todos ustedes durante la misa, rezando por la intercesión de los Santos Francisco y Clara, y San Carlo Acutis enterrado en Asís e inspirado a la santidad por esos grandes santos de Asís.
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En este Año Jubilar de San Francisco de Asís, elige cualquiera de estos u otros muchos libros sobre San Francisco que te ayuden a entrar dentro del espíritu de este hombre, aclamado como uno de los santos más importantes en el calendario cristiano después de la Virgen Maria y por supuesto San José, y como uno de los hombres más influyentes en toda la historia de humana.
- Francis: The Journey and the Dream by Father Murray Bodo (St. Anthony Messenger Press, 1972)
- I, Francis by Carlo Carretto (Orbis Books, 1982)
- St. Francis of Assisi by G. K. Chesterton (Hodder & Stoughton, 1923)
Indulgencias
Durante el Año Jubilar de San Francisco, los fieles, mediante oraciones especiales y peregrinaciones, pueden recibir una indulgencia parcial o plenaria, ya sea para sí mismos o para sus seres queridos fallecidos. Además de los requisitos habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre), para recibir la indulgencia se anima a los fieles a realizar una peregrinación a cualquier iglesia conventual franciscana (o lugar de culto en cualquier parte del mundo dedicado a San Francisco) y, en meditación y oración, pedir a Dios la gracia de seguir el ejemplo de San Francisco, concluyendo con el Padrenuestro, el Credo y las invocaciones a la Santísima Virgen María, a San Francisco, a Santa Clara de Asís y a todos los santos de la familia franciscana. Quienes estén enfermos o confinados en casa, así como quienes los atienden, pueden obtener una indulgencia plenaria sin necesidad de peregrinar, siempre que cumplan las condiciones habituales y se unan espiritualmente a las celebraciones jubilares.
Oración para el Año Jubilar de San Francisco
San Francisco, nuestro hermano, tú que hace ochocientos años
fue a encontrarse con la Hermana Muerte como un hombre en paz,
intercede por nosotros ante el Señor.
Tú reconociste la verdadera paz en el Crucifijo de San Damián,
enséñanos a buscar en Él la fuente de toda reconciliación
que derriba todos los muros.
Tú, que, desarmado, cruzaste las líneas de la guerra
y el malentendido,
danos el valor de construir puentes
donde el mundo levanta fronteras.
En este tiempo afligido por el conflicto y división,
intercede por nosotros para que podamos convertirnos en artífices de la paz:
testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo.
Amén
