| Por Mary D. Dillard

‘No se haga mi voluntad, sino la tuya’

Obispo Raica ordenará a tres hombres al sacerdocio

La última vez que la Diócesis de Birmingham ordenó más de dos hombres al sacerdocio diocesano en el mismo año fue hace casi hace dos décadas. Sin embargo, el 30 de mayo, la diócesis se regocijará cuando el Obispo Raica confiera el sacramento del Orden Sagrado imponiendo sus manos sobre tres hombres: los Diáconos Andrew Vickery, John Gardiner y John Paul Stepnowski.

Los tres han recorrido juntos su tiempo de la formación y algunos aspectos de sus caminos han sido similares como el hecho de que los Diáconos Stepnowski y Vickery vinieran a Alabama desde otros estados para estudiar en la universidad, o que los Diáconos Gardiner y Vickery se sintieran atraídos por el sacerdocio a través del lente de la paternidad espiritual, sin embargo, cada uno tiene su propia historia de como respondieron a la llamada del Señor.


 

Diácono Andrew Vickery

El camino hacia el sacerdocio del Diácono Andrew Vickery puede, de cierto modo, atribuirse a la educación católica. De niño, dice que él y su familia eran “metodistas tibios.” Sin embargo, cuando llegó a séptimo grado, su mamá lo matriculó en la escuela católica local de primaria y secundaria, Holy Spirit Preparatory School, en Atlanta, GA su ciudad natal. “Cuando llegué al noveno grado, estaba recibiendo una buena formación en las clases de religión,” recuerda el diácono.

La exposición positiva a la fe católica no fue exclusiva para el diácono. Su mamá enseñaba a alumnos más jóvenes en la misma escuela y su hermano menor también estaba matriculado en ella. Durante el décimo grado del futuro diácono, él y su mamá realizaron que ambos deseaban lo mismo: convertirse al catolicismo. El Diácono Vickery, su mamá y su hermano menor ingresaron a la iglesia ese mismo año.  Desde un punto de vista intelectual, “sabía que era verdad,” afirma el diácono, pero faltaba algo.

Confiesa que sentía como si a su corazón le faltara la plenitud de la fe. Anhelando más, empezó a reunirse con los capellanes de la escuela, sacerdotes religiosos de los Legionarios de Cristo y a asistir a misa todos los días. A medida que su fe se profundizaba, hacia finales de su undécimo grado, la idea del sacerdocio comenzó a rondar su mente. Cuando comenzó su último año, intentó cambiar sus pensamientos, saliendo con alguien y haciendo planes para la universidad.

Una vez que llegó a la Universidad de Alabama en Tuscaloosa con el objetivo de convertirse en ingeniero civil, encontró un hogar espiritual en la parroquia universitaria de San Francisco de Asís. Como muchos estudiantes, también encontró la vida de fraternidad y comenzó a luchar con lo que el mundo secular consideraba “atractivo.” Afortunadamente, su parroquia apoyaba un programa de pastoral universitario llamado Bama Catholic. Sirviendo junto a los ministros universitarios de la parroquia también estaban los misioneros de FOCUS (The Fellowship of Catholic University Students). Esta colaboración permitió al grupo viajar a San Antonio, Texas en 2017 para asistir a la conferencia SEEK, patrocinada por FOCUS.

El viaje proporcionó al estudiante universitario una “gracia profunda.” Lo que era atractivo en el mundo antes de la conferencia ya no podía nublar al Señor. “Creciendo en la vida de oración y teniendo a personas apoyándome,” comenta el diácono, “fue realmente una época hermosa”. Una época, afirma, que le impulsó a seguir un camino diferente.

Mientras avanzaba por ese camino, se encontró a sí mismo un día en misa. En ese día en particular, el trabajo del Señor había llamado al Padre Rick Chenault, entonces el párroco de San Francis de Asisi, al lecho de un feligrés moribundo, dejando a los feligreses en los bancos de la iglesia esperando a que comenzara la misa: cinco, diez, luego más de quince minutos. Cuando anunciaron que el sacerdote estaba de regreso del hospital, el estudiante universitario se conmovió. “Realmente tocó mi corazón al pensar que el sacerdote podía estar con las personas en el momento de su muerte, de acompañarlas en esos momentos difíciles, administrarles los sacramentos y prepararlas para estar con el Señor,” recuerda el diácono. Después de la misa, se sentó en la banca a rezar y según cuenta pensó: “Quizás el Señor me está llamando de nuevo al sacerdocio.”

Los pensamientos sobre el sacerdocio eran insoportables.  Cuando el Obispo Emérito Robert Baker organizó el traslado del corazón incorrupto de San Juan Vianney, copatrono de la diócesis, a la diócesis en diciembre de 2018, el Diácono Vickery se subió al automóvil de un amigo y estudió para los exámenes finales durante el camino a la Catedral de San Pablo en Birmingham. El recuerda claramente que el obispo rezó por el aumento de las vocaciones sacerdotales durante su homilía. El Señor parecía seguir llamando al diácono, y él estaba escuchando.


 

Diácono John Gardiner

El Diácono John Gardiner es el menor de cinco hijos. Los primeros ocho años de vida del diácono equivalieron a residencias en tres países y un total de siete casas diferentes. Sin embargo, la fe católica siempre estuvo presente y fluyó a través de la vida cotidiana de la familia mientras viajaban de un lugar a otro. Cuando el padre del diácono se retiró del ejército en 2008, permitiendo a la familia “establecerse” en Alabama, la prioridad de la fe no disminuyó. “De niño,” recuerda, “nos molestaba, especialmente durante las vacaciones cuando nos hacían asistir a misa los domingos.” Dejando de lado las molestias infantiles, se estaban sentando las bases.

Desde un “pequeño empujón” de su padre durante la misa cuando el sacerdote mencionaba las vocaciones hasta el ejemplo de su párroco, el Padre Mike Mac Mahon, quien les preguntaba a todos los monaguillos sobre el seminario, la idea del sacerdocio nunca estuvo muy lejos de su mente. Por supuesto, admite que no pensaba conscientemente en el sacerdocio como su vocación, pero aquellos cercanos a él ya habían plantado la semilla. “Es algo que sabía que era una opción,” explica.

A pesar de que la vocación sacerdotal era una posibilidad, el diácono afirma que, hasta su segundo año de secundaria, estaba bastante “apático” con respecto a su fe. “Si alguien me preguntaba, yo decía era católico y que creía” reconoce. “Iba a misa y al grupo juvenil, pero solo por cumplir.” Viviendo su fe en “automático” le llevo inadvertidamente a un “punto de ignición.”

Durante los meses de verano, el grupo de jóvenes de su parroquia organizaba un campamento de trabajo en el que participaban varios seminaristas diocesanos. Una mañana, durante el campamento, un momento incómodo de silencio con un seminarista llevó al joven Gardiner a intentar entablar una conversación. De repente dijo “¡he tenido pensamientos a cerca del sacerdocio!” Admite, “No lo había pensado seriamente, pero fue una forma de empezar una conversación.” La conversación llevó al seminarista a ofrecerle un libro: To Save a Thousand Souls (Salvar a Mil Almas)por el Padre Brett Bannen.

Una noche y después de más de 400 páginas, el estudiante de decimo grado no podía quitarse el sacerdocio de su mente. Comenzó a confesarse regularmente, a asistir a misa todos los días y a visitar con frecuencia la capilla de adoración perpetua de su parroquia. Entonces, un sábado en la noche mientras intercambiaba el signo de la paz durante la misa, una madre joven tendió la su mano, no para estrechársela, sino para entregarle una nota. El desdobló el pedazo de papel y leyó, “Creo que estas llamado para ser sacerdote.”

Al comenzar su primer año de universidad en la Universidad Franciscana de Steubenville en Ohio, se unió al grupo de discernimiento sacerdotal para estudiantes. Después de dos meses de universidad, incapaz de negar la idea del sacerdocio, tomó el teléfono y llamó al Padre Rick Chenault, entonces director de vocaciones.


 

Diácono John Paul Stepnowski

El Diácono John Paul Sepnowski creció en Greensboro, Carolina del Norte, en el seno de una familia católica practicante. La bendición antes de las comidas, la asistencia a escuelas católicas, el rezar el rosario antes de los viajes largos por carretera eran incuestionables, pero recuerda que la fe nunca se le manifestó “muy fuerte.” Aun así, la idea del sacerdocio entró por primera vez en la mente del joven diácono durante la jornada anual de orientación profesional de su escuela parroquial.

Uno tras otro, los padres de sus compañeros de clase describieron sus profesiones: médicos, bomberos, abogados. Después de que todos los padres dieron su presentación, el sacerdote de la parroquia entró al aula. Para el Diácono Stepnowski, ese momento marcó la primera vez que consideró el sacerdocio como una vocación legítima. La semilla había sido plantada.

La semilla permaneció dormida hasta que llegó el momento del sacramento de la Confirmación. Al elegir un santo para la Confirmación, el diácono recordó el día de las profesiones de su segundo grado y una historia que había escuchado a cerca del San Padre Pío. Cuando el santo tenía solo seis años, le preguntaron que quería ser cuando fuera adulto. La respuesta del futuro santo fue simple y directa: “Quiero ser un monje con un pan.” En tono de broma, el diácono comenta que no tiene mucha suerte con el cultivo de pan, pero el deseo de San Pío por el sacerdocio a tan temprana edad le conmovió profundamente.

A medida que el diácono avanzaba en la escuela de secundaria, se enfocó en los estudios, sobresaliendo en matemáticas y química. Llevó sus actitudes al siguiente nivel en la universidad donde se especializó en ingeniería química. Sin embargo, revela que se preguntó, ¿“Que quiero hacer para ser feliz?” Admite que ni siquiera consideró la voluntad de Dios, ya que estaba concentrado en perseguir sus propios sueños y ambiciones.

Pero Dios estaba trabajando. Poco después de haber llegado a la Universidad de Alabama in Huntsville como estudiante de primer año, una noche se fue a dormir con la realización de que no conocía a nadie en el estado de Alabama. “¿En qué me he metido?” recuerda haber pensado. Sin embargo, en un momento de gracia, pensó, “oh, yo te conozco, Señor.” Esa noche marcaría el llamado “comienzo” de su vida espiritual. Su vida de oración se profundizó y empezó a asistir a la parroquia católica St. Joseph de Huntsville.

El ministerio universitario de la parroquia había estado inactivo por algunos años, pero una familia en la parroquia contactó al estudiante universitario a mitad de su primer año. El grupo había vuelto a ponerse en marcha y estaba buscando a personas que estuvieran interesadas en participar. El Diácono Stepnowski empezó a asistir a las reuniones semanales e incluso empezó a llevar en su carro a misa a otros estudiantes sin transporte.

En 2018, el Diácono Stepnowski, al igual que el Diácono Vickery, se sintieron impulsados a viajar a la Catedral de San Pablo en Birmingham para venerar el corazón de San Juan Vianney, pero la experiencia que cambio el sacerdocio de una idea “que le resonaba en la cabeza” a una acción fue su servicio como misionero de Totus Tuus. Allí pudo enseñar la fe, interactuar con los jóvenes y conocer a sacerdotes de toda la diócesis.

A lo largo de todo el proceso, sus padres permanecieron firmes, al igual que en la transición de la fe. “No me sentí empujado a nada” explica el diácono. “Pude discernir con libertad.” Esa misma libertad que le dio la claridad cuando estaba decidiendo, no solamente para llamar a Alabama su hogar, pero para finalmente preguntar, “¿Qué quieres de mí, Señor?”.

Como lo muestran los tres diáconos, el camino de cada uno en la búsqueda de la voluntad de Dios nunca será idéntica, ni tampoco lo será el discernimiento del papel que le corresponde desempeñar en Su voluntad. Sin embargo, lo que es seguro, es que la “cosecha es abundante” y el Señor ha proporcionado tres nuevos trabajadores para difundir La Buena Nueva en la Diócesis de Birmingham en Alabama. ¡Gracias a Dios!


 

Misa de Ordenación a la Sagrada Orden del Sacerdocio

Sábado, 30 de mayo de 2026 a las 11 a.m. Catedral de San Pablo, Birmingham