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 | Por Muy Rev. Bradley A. Jantz, S.T.D., V.E., V.F.

La maravilla de Ser Humano

Sobre la encíclica del Papa Leo XIV

Mientras lees estas palabras, en algún lugar de nuestra Diócesis, una niña le está abriendo su corazón a una máquina. Se siente sola, o triste, o quizás solo tiene curiosidad y un “chatbot” le parece su mejor confidente.

No sé a ustedes, pero a mí se me parte el corazón cuando pienso en esa situación, aunque todos sabemos que, ahora en 2026, así es la vida. Estamos rodeados de nuevas cosas, y todos los padres, maestros y persona reflexiva en nuestro rincón de la creación se preguntan qué pensar de la inteligencia artificial (IA), estos sistemas informativos que producen palabras parecidas a las humanas e imágenes que parecen naturales a partir de predicciones estadísticas. Y no somos los únicos: incluso el Papa Leo ha estado reflexionando sobre la inteligencia artificial. Quizás hayan oído que recientemente publicó una encíclica al respecto, titulada Magnífica Humanidad (Magnifica Humanitas, en latín). ¡Sabes que estas viviendo en el futuro cuando el Papa escribe una encíclica sobre robots!

Entonces, ¿Por qué el Papa escribió una encíclica sobre una nueva tecnología? La historia empieza hace 135 años. El 15 de mayo de 1891, el Papa Leo XIII firmó una encíclica famosa llamada Rerum Novarum (Sobre las cosas nuevas). Esta carta fue una declaración decisiva que ayudó a la iglesia a afrontar las agitaciones sociales de la revolución industrial. Leo XIII estaba especialmente preocupado por la situación tan difícil por la que estaban pasando las familias y los trabajadores, y para mostrar el camino a seguir, sistematizó lo que se ha conocido como la Doctrina Social Católica, un importante cuerpo de enseñanzas para discernir problemas sociales complejos. En 1891, los problemas eran salarios injustos, la falta de respeto por la dignidad de los trabajadores y el trabajo infantil. El 15 de mayo de 2026, Leo XIV firmó una nueva encíclica social para ayudar a la familia humana a trazar un rumbo a través de las consecuencias de la inteligencia artificial.

“Magnífica Humanidad” empieza con una historia famosa de las Sagradas Escrituras: la Torre de Babel. Según cuenta el Génesis, los pueblos de la tierra temían tanto ser dispersados que decidieron establecerse en un solo lugar. En lugar de aceptar el objetivo de Dios de que experimentaran toda la creación, decidieron construir una torre bien alta que llegara al cielo. Como lo narra el Papa León, se obsesionaron tanto con su inmensa torre que no solo hablaban la misma lengua, sino que su diálogo se redujo a una uniformidad absoluta. Simplemente balbuceaban las mismas palabras de orgullo, una y otra vez. En su misericordia, Dios dividió sus lenguas y los dispersó. El fin de su ciudad llegó cuando ya no había más que balbuceos.

Como el Papa Leo explora en su carta, esta historia tiene mucho que enseñarnos sobre los retos actuales de la inteligencia artificial. Al desarrollar esta tecnología, con sus nuevas empresas, enormes centros de datos y sus interfaces fáciles de usar, la humanidad emprende un proyectó que tiene un potencial enorme para unir a las personas de nuevas formas. Sin embargo, generar palabras a partir de una instrucción en línea puede fácilmente romper la conexión entre palabras y la verdad: estos sistemas producen respuestas basadas en estadísticas, no respuestas basadas en la razón arraigada en la imagen de Dios. Una inteligencia artificial puede dar la impresión de ser amigable, pero una máquina no puede ser tu amiga. Son construidas para mantenerte entretenido y para generar ganancias para sus propietarios. Lo que significa que esta tecnología nos facilita demasiado dejar de lado nuestra necesidad por la verdad, el diálogo y las relaciones humanas. Con la inteligencia artificial, puede que estemos construyendo nuestra propia Torre de Babel moderna, una herramienta que falsifica y arruina algunos de los aspectos más esenciales de lo que significa ser humano.

Pero ser humano también significa que tenemos libre albedrío. Podemos posiblemente tomar una decisión diferente. El Papa nos recuerda que Babel no solo es la única ocasión en las Escrituras en que las personas construyeron una ciudad. Después del exilio de Israel, muchos de los hijos de Dios regresaron a Jerusalén, cuyas murallas habían quedado en ruinas después de muchos años de abandono. Su gobernador Nehemías reunió a las familias de la ciudad, escuchó sus dificultades y los ayudó a elaborar un plan común para la reconstrucción. Cada uno tomó responsabilidad de la parte que le correspondía, y cuando restablecieron sus relaciones con Dios y entre ellos, también reconstruyeron la ciudad en paz.

En nuestros días, con las grandes posibilidades de peligro que se nos presentan con la inteligencia artificial, nos enfrentamos a la elección entre construir Babel o construir Jerusalén. El Papa Leo explica esta elección en términos de la Doctrina Social Católica. Dado que la tecnología es nueva y desarrollándose, no trata a la inteligencia artificial como un artículo que sea simplemente aprobado o prohibido. En cambio, nos anima a plantearnos algunas preguntas difíciles y actuar de acuerdo con ellas. Al considerar un uso particular de la inteligencia artificial, ¿contribuye a la dignidad humana, o solamente se aprovecha económicamente de alguien que se encuentra en una situación de necesidad? ¿Mientras adoptamos estos sistemas, lo hacemos de manera que promueve una relación real y auténtica, o estamos creando sustitutos de las conexiones humanas? ¿Su uso promueve paz o conflicto? ¿Y cuál es el impacto sobre el bien común y especialmente sobre los pobres, los marginados, los emigrantes y los más vulnerables entre nosotros? Después de todo, muchas comunidades soportan el costo de los centros de datos que consumen grandes cantidades de recursos, pero las ganancias actualmente se concentran en unas pocas empresas. Debemos protegernos especialmente contra ideologías y decisiones que anteponen las maravillas tecnológicas o el progreso económico a la dignidad infinita de las personas humanas. Dios ha creado a las personas a su imagen y semejanza, no a las empresas y a las máquinas.

Así que seamos prácticos. ¿Qué pasó con esa niña de 12 años que se desahoga con un “chatbot?” ¿Deberían sus padres permitirle usarlo o no? Aquí es donde resulta útil la pregunta del Papa Leo acerca de promover relaciones reales en vez de sustituirlas. Una persona joven que está buscando ayuda emocional necesita un oído humano y un hombro en el que apoyarse. Sus padres y mentores tienen la responsabilidad de respetar su dignidad prestándole atención y dedicándole tiempo, en lugar de remitirla a una máquina. Quienes se preocupan por ella deberían de preocuparse de que el uso de un “chatbot” para simular relaciones le puede ocasionar que su deseo de tener relaciones reales se desvanezca. Especialmente en las primeras etapas de desarrollo, nuestro enfoque debe estar en acoger a los jóvenes en las alegrías y los retos del mundo humano, no en orientarlos siempre hacia el mundo digital.

Nada de esto quiere decir que toda la inteligencia artificial sea mala. El tono de la carta del Papa Leo es esperanzador, no alarmista. Pero nos recuerda que, cuando se trata de estas novedades, es mejor ir despacio y tomarnos nuestro tiempo, especialmente con los niños. Está bien que utilicemos estas cosas con cuidado, según nuestros propios criterios y hacerlas útiles para nosotros, en vez de sentir que tenemos que apresurarnos a adoptarlas. En una época en que cada instante de nuestra atención ha sido convertido en fuente de ingresos, sentarnos a cenar con la familia es un acto poderoso de recuperación de nuestra dignidad. Comprometernos a asistir presencialmente a misa los domingos constituye una resistencia radical contra las corrientes culturales que buscan destruir nuestras comunidades y relaciones. Puede que sintamos que estamos atrapados en eventos que se nos salen de nuestro control, pero la elección de construir Babel o Jerusalén es uno que está al alcance de cada familia y comunidad, si abordamos estas nuevas realidades con discernimiento.

Con sabiduría, el Papa Leo concluye su carta no con una propuesta política sino con un rostro: remitiéndonos al rostro humano de Cristo, el Hijo de Dios. Al contemplarlo, vemos tanto nuestra dignidad infinita como nuestra libertad para decidir cuales relaciones y elecciones nos definirían. El “si” gozoso de la Santísima Virgen Maria hizo resonar un nuevo canto de esperanza a la pobreza de nuestro mundo caído. Como católicos, nos unimos a ella en esa esperanza, cooperando con la gracia divina y confiando que Dios enseñará a toda la familia humana el maravilloso don de ser humanos.


 

Ideas prácticas para construir Jerusalén

  • Acordar como la familia cuando las pantallas deben dejarse a un lado: durante la cena familiar, tiempo juntos, durante la oración.
  • Comprometerse a asistir a misa los domingos.
  • Hablar de forma proactiva con los miembros de la familia a cerca de problemas, para crear un ambiente de apoyo mutuo.
  • Evitar el uso de la inteligencia artificial para hacer las tareas escolares (solo cuando sea indicado por el maestro), para desarrollar la curiosidad y el pensamiento crítico.

Padre Bradley A. Jantz, S.T.D., es un sacerdote de la Diócesis de Birmingham. Originario del condado de Shelby, se graduó en la Academia de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y sirvió como Oficial de la Fuerza Aérea antes de responder al llamado al sacerdocio. Fue ordenado sacerdote en 2017, recibió su doctorado en Teología Bíblica por la Pontificia Universidad Gregoriana. El Padre Jantz es párroco de la Parroquia de Santo Tomás Apóstol en Montevallo y ejerce como Decano del Decanato Central de Birmingham, Vicario para la Educación Religiosa y Formación Católica, y Vicario para el Diálogo Ecuménico e Interreligioso.