Audio Content
Listen to this article ·

 | Por el Reverendísimo Steven J. Raica, Quinto Obispo de Birmingham en Alabama

‘Volvamos a lo básico’

Mis hermanas y hermanos, esta edición de One Voice es una mezcla de varios temas que se entrecruzan con la temporada y la vida de la iglesia durante este otoño. Uno de ellos que sobresale entre todos y que merece una reflexión especial es el Año de San Francisco de Asís. Comparto con ustedes algunas de mis reflexiones mientras contemplamos el don de San Francisco de Asís en la vida de la iglesia:

1. El 4 de octubre, conmemoraremos el 8000 aniversario de la muerte de San Francisco de Asís. Es un santo que ha fascinado y captivado al mundo. Su estilo de vida sencilla se interpreta como: “Volvamos a lo esencial”. ¿Quién podría discutir eso? De vez en cuando, necesitamos una voz profética en nuestras vidas que desafíe la dureza de nuestros corazones, especialmente en áreas donde nos quedamos estancados en nuestras propias ideas preconcebidas.

Tomemos, por ejemplo, los problemas que vemos en el mundo, agitación, guerra, agresión, acoso, etc. Recordamos su simple lamento, que cantamos con frecuencia: “Hazme un instrumento de tu paz”. Las palabras de esta súplica sincera son atribuidas a San Francisco, ya que ofrecen formas simples pero concretas de marcar una diferencia en nuestro mundo. Muchas veces, queremos imponernos por medio de la fuerza. San francisco nos invita a crear momentos de paz tratando de comprendernos unos a otros, llevando amor a nuestras relaciones y ofreciendo alegría y consolación en momentos de tristeza. La paz verdadera y duradera no se construye simplemente por la ausencia de guerra, sino con la valoración de la dignidad de cada persona, inclusive cuando es difícil hacerlo o cuando no estamos de acuerdo.

2. San Francisco también nos recuerda el amor por la creación. Quizás, este fue el tema distintivo del Papa Francisco y uno de sus legados más perdurables, recordarnos que solo tenemos un solo planeta y un mundo en el que vivir. Debemos cuidarlo, administrándolo responsablemente y dejándolo en mejor condición para la próxima generación. Esto no es un argumente político partidista; es sencillamente, una cuestión de sentido común, del modo en que cuidamos nuestro propio cuerpo, nuestro hogar o propiedade.

Después de todo, todo pertenece a Dios, lo tenemos por un tiempo y después debemos pasárselo a la siguiente generación. O bien, tenemos que devolvérselo al Señor, al igual que nuestras propias vidas. El hermano Sol y la hermana Luna fueron parte de la maravilla de la creación ante la que nos maravillamos cada vez que miramos al cielo. Somos parte de la bondad de la creación que Dios dispuso desde el principio. Ante la inmensidad y la belleza del universo, solo podemos exclamar, como el salmista: “¿Qué es el hombre para que te preocupes por él?” (cf. Salmo 8) Debemos apreciar todo lo que está destinado a ser bueno, ¡incluso la idea de que Dios también se preocupa por mí!

3. San Francisco ha inspirado a hombres y mujeres de todas las generaciones a seguir al Señor con una vida sencilla, siguiendo los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. En pocas palabras, la pobreza se refiere a vivir con sencillez y libertad, sin dejarse dominar por los bienes materiales; la castidad se refiere a amar con un corazón íntegro; y la obediencia se refiere a buscar y cumplir con la voluntad de Dios, muchas veces a través de una comunidad, siguiendo una regla de vida o un superior religioso. Nuevamente, esto nos permite vivir en una relación correcta con los demás, saber cual es el lugar de cada uno y estar verdaderamente dedicado a cumplir la voluntad de Dios. La mejor forma de expresarlo no es diciéndole al Señor, “Esto es lo que voy a hacer por Ti, Señor”, sino implorando su ayuda diciendo, “¿Qué quieres que haga por Ti hoy, Señor?” De ese modo, la respuesta puede ser lo que no esperabas. Al final, ¡encontrarás en tu corazón la paz que estas buscando!

En resumen, durante este año de San Francisco, vale la pena considerar cuáles son los fundamentos en nuestra vida. Volver a lo esencial, escuchar la voz de Dios, respetando la creación y siendo artífices de la paz en nuestro pequeño rincón del mundo nos ayudará a reformar al mundo de manera que se fomente un mayor respeto por la vida y toda la creación.

En su oración, o durante una hora santa ante el Santísimo Sacramento, los invito a tomar el himnario y busques la Oración de San Francisco. Hay mucho en ese canto sobre lo que puedes reflexionar como parte de un examen de conciencia más profundo. La forma en que podemos marcar la diferencia en el mundo empieza transformarnos nosotros mismos a través de la gracia de Dios y diciendo “sí” a su voluntad.


 

¡Que Dios los bendiga abundantemente durante este año de San Francisco!

Oración de San Francisco de Asís

Señor, hazme un instrumento de Tu paz.

Donde haya odio, siembre yo amor;

donde haya ofensa, perdón;

donde haya duda, fe;

donde haya desesperación, esperanza;

donde haya tinieblas, luz;

y donde haya tristeza, alegría.

Oh, Divino Maestro, concédeme que no busque tanto

ser consolado como consolar;

ser comprendido como comprender;

ser amado como amar.

Porque es dando como recibimos;

es perdonando como somos perdonados;

y es muriendo como nacemos a la vida eterna.

Amén.


Por el Reverendísimo Steven J. Raica es el Quinto Obispo de la Diócesis de Birmingham en Alabama.

Read this article in English! (Versión en ingles)