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‘Lo Supe Desde Ese Momento…’

By Mary D. Dillard | Fotografía por Mary D. Dillard

‘Lo Supe Desde Ese Momento…’

Cómo el amor de Cristo marca el curso de la vida.

Por qué deberíamos escoger una educación Católica?”

Es la pregunta que a Mary Jane Dorn, directora de Our Lady of Sorrows Catholic School en Homewood, le preguntan mucho los padres de familia, buscando un lugar en donde educar a sus hijos. “Cuando inicié, no me hacían esa pregunta,” admite Dorn, pero que lo hagan, le brinda la oportunidad de explicar la razón del trabajo de su vida: el amor a Cristo.

Los 36 años de Dorn al servicio de la educación Católica se remontan a su primer día de escuela en St. Antony´s Catholic School en Ensley, un vecindario al oeste del centro de Birmingham. “Recuerdo ese primer día en el Jardín de Niños como si fuera ayer,” recuerda. A la edad de cinco, Dorn caminó al salón de clases de Mary Mumilia Lanza cuando la atrapó “un sentimiento de gozo.” “Ella sólo despedía alegría y amor,” Dorn lo recuerda con cariño. “Sabía que a partir de ese momento quería ser maestra. Quería ser así como ella.”

Con certeza, Lanza tenía un don Divino para la enseñanza y tiene una profunda conexión con su fe Católica. Lanza tiene una relación con Dios y a través de esa relación, es capaz de reflejar el amor de Cristo a sus estudiantes. Sin embargo, Lanza no fue la única durante los años de formación de Dorn con una profunda relación con Dios.

Como era común en esos tiempos, las hermanas se quedaban de fijo en las escuelas Católicas. A través de los años en la escuela elemental y la educación media en St. Anthony´s, St. Catherin´s y St. Joseph´s, Dorn fue testigo silencioso de las Hermanas de la Caridad, Las Hermanas Benedictinas y las Hermanas de la Presentación del Blessed Virgin Mary. Fue a través de su intervención con las hermanas que Dorn tomó otra decisión para su futuro: sabía que ella “quería ser una maestra en un colegio Católico.”

Después de graduarse de John Carroll, Dorn se fue a la universidad a prepararse como maestra Para recibir el grado, debió viajar a escuelas públicas y observar a las maestras en los salones. Durante las sesiones, Dorn sintió un vacío. “Se que un edificio es un edificio, pero como en una casa, la familia forma el hogar.” Para Dorn, tener a Dios como el centro     de la educación, hace que las paredes de ladrillo y mortero fueran una escuela.

Recién salida de la universidad, Dorn tomó el primer paso para cumplir con su sueño de niña y comenzar como maestra en St. Joseph´s Catholic School en Ensley, convirtiendose en una compañera de facultad de su maestra de jardín de niños, la Srita. Lanza. Después de tres años de enseñanza en el cuarto grado, el camino de Dorn se desvió inesperadamente. La Hermana Margaret O´Brien, P.B.V.M, la directora en ese tiempo, fue enviada de regreso a Irlanda. La Hermana Margaret le informó a la entonces Dorn de 25 años, que había sido elegida por las demás Hermanas como la Directora. “No se que vieron en mí que ciertamente yo no había notado,” confiesa Dorn. “Creo que ellas sabían del amor que tenía por la escuela y que mí sueño era convertirme en maestra allí.”

Por cuantro años, Dorn sirvió como Directora en St. Joseph´s, pero ella dice que era “probablemente muy joven para ser Directora.” “En retrospectiva, pienso que probablemente aprendí lo que no debía hacer… sólo necesitaba un poco más de madurez.”

Sus pocos años en un salón de clases le crearon un sentimiento de duda así que dejó St. Joseph´s para buscar una carrea en contaduría. “No tenía la experiencia de vida o las herramientas. Las obtuve como madre.” Sus dos hijos nacieron mientras ella trabajaba en “el mundo de los negocios,” y cuando fue el momento de que ellos empezaran con la escuela, visitó Our Lady of Sorrows School en donde una de sus antigüas maestras en John Carroll High School, Missy Hayes, era la directora.

“Me atrapó ese sentimiento en cuanto entré a la escuela. Era un sentimiento muy familiar.” La certeza que ella tuvo en su primer día en el jardín de niños estaba de vuelta: ella pertenecía a la educación Católica.

Después de enseñar matemáticas y religión a alumnos del séptimo y octavo grados en Our Lady of Sorrow, le pidieron considerar el puesto en el que alguna vez le llenaron de dudas. Hace ya veinte años que tomó su lugar como Directora de Our Lady of Sorrow y desde ese día no ha vuelto a mirar atrás.

Lo que ella sabía a una edad tan corta, como a los cinco años, fue que el amor a Cristo es una fuerza poderosa. Se dio cuenta que la educación Católica es uno de los conductores de amor a la Iglesia Católica.

“Todos tenemos la misma meta y es alcanzar el Cielo…como maestras, estamos llamadas a ayudar a todos estos niños en su camino al Cielo.”

Dorn cree fervientemente que la educación Católica juega un rol importante en la construcción del Reino de Dios, admite que puede ser desalentador, especialmente si se considera la sociedad en la que se encuentran los estudiantes actualmente. “Es de mucha responsabilidad ser maestra… los chicos están lidiando con tanto y están expuestos a tanto todos los días.” “Mientras la responsabilidad puede resultar intimidante, ella es animada y guiada por las palabras de su mentor y antiguo maestro de John Carroll, pastor por mucho tiempo de Our Lady of Sorrows, Msgr. Martin Muller. “Como él siempre decía, “Dios no dijo tomen su almohada y síganme, es tomen su cruz y síganme.”

Mantener a Cristo como el centro en cada día de escuela, es primordial en la educación Católica. Abundan excelentes opciones académicas, pero según Dorn, las maestras Católicas son capaces de brindar dirección utilizando cada una de las piezas. “Simplemente no se como podrías enseñar sin incorporar los elementos morales, emocionales, académicos y espirituales.”

“Nuestra única razón de existir es defendiendo la verdad de la Iglesia. Si no se tiene eso, no se tiene nada. Como un árbol, sin raices éste se caería. Si estás enraizado en la verdad, crecerás.”

Ser enraizado en la verdad no solo ha traído que las familias regresen y sean más activas en la relación con su fe, si no que trae estudiantes y familias enteras a una comunión con la Iglesia. La educación Católica trabaja con los padres de los niños en plantar la semilla de la fe y fomentar el crecimiento creando raíces inhundadas del amor a Cristo. “Lo que enseñamos se convierte en un tejido de su ser,” explica Dorn. “No será olvidado.”

Así que, ¿por qué los padres deberían escoger una educación Católica? La respuesta es simple, como rezan los estudiantes de Our Lady of Sorrows, “Hazle saber a todo aquel que entre aquí que Cristo es la razón de esta escuela.”